Parece un asunto primario, pero todos estamos aleccionados de alguna manera contra la mentira. Será la interpretación religiosa, que afirma que mentir es malo, y que solo la verdad nos liberará. Todo indica que lo mejor es decir la verdad.

La sinceridad en nuestro trabajo y con nuestra familia

sinceridadCuando nos hacernos adultos, nos encontramos con que no se puede sobrevivir diciendo la verdad todo el tiempo. Incluso hay situaciones en las que hay un bien mayor al decir una “pequeña mentira” (que al final todas son mentiras, grandes o pequeñas)

¿Entonces? ¿Cómo aplicar esto a nuestro trabajo y a la vida diaria? La respuesta es motivo de una buena reflexión.

Debemos de replantearnos lo que es para nosotros importante, la verdad y la sinceridad.

El planteamiento de un problema

Aunque todos tendamos a decir mentiras para sobrevivir y proteger nuestra posición, lo cierto es que la mentira puede tener patas cortas. Si algo se descubre puede empeorar nuestra situación. Por eso, lo más recomendable es la sinceridad.

Pero hay que distinguir entre decir la verdad y llenar un panorama de total negatividad. Esto tampoco es lo que se necesita. La clave está en decir si hay un problema, pero plantear tu mejor disposición para solucionarlo y lograr el objetivo deseado.

Por ejemplo, si eres un abogado y tu cliente quiere realizar un juicio con posibilidades difíciles de éxito, entonces debes decirle la verdad respecto a esto. No obstante, manifiéstale que estás dispuesto a poner en práctica toda tu estrategia, para sacar el mejor resultado en lo posible.

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Un producto en que confiar, el dilema de las marcas

valoresOtro problema que puede plantear un dilema moral es el producto o servicio que se comercializa. El punto de partida tiene que ser un objeto que realmente sea digno de confianza y que no provoque ninguna clase de problemas. Sin lo que vendes no es bueno, no vale la pena ni un mínimo esfuerzo de tu parte.

Nunca te veas involucrado en tratar de pasar como una maravilla, algo que en realidad tiene calidad y resultados discutibles. Hacer esto es una mentira descarada que te desacreditará y mellará tu relación con tus clientes.

Y si tienes algo con calidad media, cuya ventaja es un precio accesible, también debes decirlo. Por ejemplo, un buen vendedor de electrodomésticos dice: “Esta lavadora es de un fabricante nuevo. Tiene un año de garantía y está a un precio especial por su lanzamiento”.

Resalta siempre las virtudes del producto, las que sean reales. Las personas saben distinguir cuando alguien está tratando de venderles algo y no les hablan con sinceridad.

Respaldo para toda situación

Lo que también sucede cuando se dice la verdad, es que si las cosas no sales como se esperaba, el cliente sabe comprender. Esto es el punto de partida para buscar opciones y mostrarle que siempre se está a su disposición para brindarle el mejor servicio.

El arte de vender, no está en engatusar, colorear la realidad o disfrazarla. Es un trabajo en el cual debes mostrarle a las personas que estás a su servicio para ayudarlas a obtener lo mejor y a encontrar la mejor alternativa que soluciones su problema. Recuerda esto, y serás siempre un gran vendedor.

imágenes: Adela Trueta (obra reciente)